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    Leyendas de badajoz

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    Mick
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    Mensajes : 73
    Fecha de inscripción : 28/05/2010

    Leyendas de badajoz

    Mensaje por Mick el Mar Jun 01, 2010 9:55 pm

    Bajé de la Alcazaba con el pelo teñido de
    negro. Siempre he soñado hacerlo, pero nunca me atreví hasta hoy. ¿Dónde
    va una rubia como tú a teñirse el pelo tan oscuro? ¿Es que te ha pasado
    algo, chica? Da igual. Ya está hecho.



    Bajé de la Alcazaba
    por los túneles que pasan bajo el río y van a dar al Fuerte de San
    Cristóbal pasando por la catedral, donde no pude subir porque había un
    taquillero que me pedía un euro para entrar, amén de indicarme que el
    pelo rubio me sentaba mejor.
    Salí a
    la superficie y me dispuse, como tantas otras veces, a dar un paseo por
    mi margen derecha, ajena a los cambios que se han producido desde que
    repto por los legendarios túneles que conectan toda la ciudad en el
    subsuelo. Han quitado casi todos los árboles de la orilla del río. Desde
    mi barrio estacionero por fin se ve la ciudad con claridad. Sólo han
    dejado un par de ellos. Están justo en el sitio indicado para que no
    pueda hacerme la foto con la Torre de Espantaperros y la luna llena,
    conmigo en primer plano, a contraluz, divina y morena, de pelo negro
    azabache mecido por la suave brisa del río.


    Las
    rubias son siempre más fotografiadas. Las morenas lo pasamos peor. Yo
    soy una contradicción andante: Soy rubia oculta, que viene a ser como
    estar de incógnito en tu propia vida. Como vivir bajo tierra,
    recorriendo túneles sin salir a la superficie.


    Hace
    tiempo que rondan por mi cabeza un par de deseos que quiero cumplir
    antes de que mi belleza juvenil sea más dudosa. La primera la he
    cumplido tiñéndome radicalmente el pelo para ser morena y descubrir si
    mi rubio platino es la razón fundamental de mi éxito y la segunda, algo
    más complicada, es constatar cuánto hay de realidad en la antigua
    leyenda de la decimocuarta pilastra del Puente de Palmas.


    Para
    los no instruidos o más olvidadizos, aunque sea duro que alguien como yo
    os lo tenga que contar, relataré brevemente en qué consiste dicha
    Leyenda:


    Se cuenta que hubo un tiempo en el que en
    Badajoz se reunía en torno a su río parte de la intelectualidad del
    suroeste hispánico. Bien es sabido lo mal vistos que han estado, o la
    desconfianza que siempre, en todas las épocas, han transmitido las
    élites culturales y pensantes en sus conciudadanos. Este grupo, al que
    se le llamó Los “7 del Guadiana”, sufría constantemente la presión de
    sus paisanos por hacer público su pensamiento ilustrado y sus
    inquietudes artísticas mal entendidas, por lo que, conocedores del
    estilo arquitectónico herreriano, bajo cuyas normas se construyó el
    Puente de Palmas, no quisieron pasar por alto una de las características
    formales más importantes de este estilo arquitectónico: La habitación
    secreta en su decimocuarta pilastra. Si alguien se aventura a investigar
    en los archivos de la época, comprobará sin mucha dificultad que por
    aquel entonces, todas las construcciones herrerianas disponían de una
    oquedad secreta. Son innumerables los ejemplos, pero la habitación
    secreta de la decimocuarta pilastra del Puente de Palmas había pasado
    desapercibida hasta que la obsesión por salvar el cuello de los “7 del
    Guadiana” les llevó a habitarla. A partir de entonces, dice la leyenda,
    Badajoz nunca volvió a ser igual. Cientos de librepensadores de todo el
    planeta viajaban en peregrinación a visitar la habitación secreta de la
    decimocuarta pilastra del Puente de Palmas. Tal fue su repercusión que
    se dice que en todas las Ceremonias de Entrega del Premio Nobel, la
    música que se interpreta se basa en el compás de catorce violines, toda
    la poesía del siglo XIX francés está escrita en versos alejandrinos
    (catorce sílabas), en todos los billetes de 100 dólares la suma de su
    número de serie es catorce, el asiento catorce del Orient Express nunca
    se vende, no hay ningún Papa que lleve el XIV en su nombre, en los
    bingos de Las Vegas los cartones no tienen número catorce y en Oxford y
    la Sorbona el claustro de profesores tiene que estar compuesto siempre
    por 14 profesores.


    Como ya he comentado, llevo años casi sin
    salir a la superficie, usando a mi antojo algo que mucha de la población
    pacense cree que no es más que otra leyenda: La de los pasadizos que
    desde debajo de la Catedral comunican todo Badajoz. El poder
    eclesiástico siempre ha tenido todo atado y bien atado, pero al teñirme
    de morena he conseguido burlar su vigilancia y hacer de esos pasadizos
    que comunican toda la ciudad subterráneamente, mi ecosistema habitual.
    No me gusta salir a la superficie, me sienta mal la luz primaveral y
    para colmo, han talado casi todos los árboles de la margen derecha del
    Guadiana.


    Pero aunque se pueda pensar lo contrario,
    estos pasadizos no conectan con la pilastra catorce del Puente Palmas.
    Evidentemente, los “7 del Guadiana”, tuvieron en cuenta eso a la hora de
    hacer de dicho espacio oculto su refugio. He de encontrar el acceso
    secreto.


    Moverse bajo tierra, o guiada por Leyendas sin
    contrastar, hace que tus movimientos sean más oscuros y lentos,
    difíciles de acometer. Pero son infinitamente más excitantes que pasear
    por las calles con un mapa sin más. Tengo que dejarme llevar por mi
    instinto de exrubia de pelo negro, y ese instinto me pide flores. Y si
    hay algún sitio donde una flor pueda ser importante, amén de los
    cementerios, es en el Fuerte de San Cristóbal.


    Se
    dice que en el interior del Fuerte crece una flor de gran belleza que
    sólo florece en Japón, en las zonas que devastó la bomba atómica. Esta
    flor crece en el lugar donde está enterrada una preciosa rubia (otra
    vez) de rasgos asiáticos que tuvo enamorada a toda la ciudad en tiempos
    pasados. Se comenta que si se corta esa flor, siempre vuelve a salir y
    que sólo ahí y en Japón vive. Llamadme excéntrica, pero no me gusta
    profanar tumbas aunque creo que ahí pueden estar muchas de las
    respuestas a mi búsqueda. Aprovecho las excavadoras que hay por allí,
    según dicen para construir el Parador de Turismo, quizás otra leyenda
    pacense más, y busco en las raíces de las preciosas flores una respuesta
    a mis desazones. No encuentro nada, sólo tierra yerma y mi colección de
    cromos de la Liga 83-84 a la que sólo le faltaba Arconada para estar
    completa. Aterrada y confusa abro el álbum y compruebo con pavor que el
    cromo de Arconada sigue faltando. Hay leyendas que no cambian por mucho
    que una se tiña el pelo y pasen los años. ¿Qué querría decir aquello?
    ¿Dónde debería seguir buscando? ¿Qué había sido de la chica rubia de
    rasgos asiáticos? ¿Por qué estaba empeñando mi vida en buscar algo que
    quizás no hubiera existido nunca?


    Bajo a refrescarme la cara y lavarme un poco a
    la orilla del río. Quizás con la cara lavada y frente a las pilastras
    encontrara la paz que me acerque más a las respuestas. Los “7 del
    Guadiana” merecían mi esfuerzo y yo, como buena exrubia teñida de negro,
    no les podía fallar. Me pregunto si la pilastra número catorce sería
    accesible bajo el agua, pero no tengo fuerzas para comenzar un viaje
    subacuático. Recuerdo otras leyendas que me pueden dar respuestas, como
    la de la Dama Blanca del Guadiana, de la que decían que su intención era
    ahogar a cuantos se acercaban o caían al rio. Poseedora de una especial
    belleza que atraía y cautivaba con sus cantos de sirena, se contaba que
    aparecía las noches de luna llena y se hacía visible con el reflejo de
    la luz blanca en el río. Bella y vestida de blanco, de larga cabellera
    dorada, surgía del agua al lado de los que intentaban cruzar el río a
    nado o estaban a punto de ahogarse, para llevarlos a las profundidades
    con ella. ¿A las profundidades? ¿A la entrada de la decimocuarta
    pilastra? ¿A la habitación secreta del Puente de Palmas?


    Esta
    noche, como siempre que me tiño el pelo de negro, hay luna llena. No
    podía ser de otra forma. ¿Me atrevería a meterme en el río llegada la
    noche esperando la llegada de la Dama Blanca? ¿Funcionaría?


    Dejo
    pasar el tiempo mirando en la distancia los botellones de la margen
    izquierda. Desde allí no me miran a mí. Es posible que no tenga interés
    para aquellos adolescentes y jóvenes que se divierten ajenos a la
    cantidad de Leyendas que hay en la ciudad donde disfrutan sin mirar el
    futuro, sin mirar el pasado. Cae la noche y miro el reflejo de la luna
    llena en el Guadiana. Es hermoso. Miro mi reflejo y me descubro rubia:
    He vuelto a equivocarme de tinte o simplemente una rubia nunca podrá ser
    una morena de verdad y sólo las noches de luna llena se sabe la verdad.
    Voy vestida con un camisón blanco y estoy preciosa y no me había dado
    cuenta. Empiezo a sentir miedo. Empiezo a sentir que la bella rubia de
    rasgos asiáticos que tuvo enamorada a toda la ciudad en tiempos pasados y
    que estaba enterrada en el Fuerte de San Cristóbal, bajo flores que
    sólo crecen ahí y en Japón puede que sea yo, no quiera admitirlo y por
    eso me tiña el pelo de negro. Creo que soy la misma persona que en las
    noches de luna llena emerge de las profundidades del Guadiana para
    llevar conmigo a todo el que se sumerja en el río. Me convenzo de que
    los túneles que unen toda la ciudad por el subsuelo saliendo de la
    Catedral están ahí abajo. Estoy segura de que teñirme para intentar deja
    de ser rubia ha sido un error. Me sumerjo en las aguas bajo el reflejo
    de la luna llena…


    Días después leo en los diarios que un socavón
    ha intentado comerse un camión de gran tonelaje a la salida del Puente
    de la Universidad. Ese camión estaba cargado con miles de libros de
    filosofía, cromos de Arconada de la colección de la Liga 83-84, estudios
    sobre Arquitectura Herreriana y tintes de pelo. Hay quien piensa que no
    ha sido casual. Hay quien dice que no merece la pena preguntarse porqué
    la tierra se ha abierto ahí y se ha querido tragar al camión. Hay quien
    piensa que las rubias siempre deben seguir siendo rubias.


    También
    hay quien asegura que si haces sonar al revés los “Tangos Extremeños”
    del LP “Grabaciones Discos Pizarra 1945-1950” del Porrina de Badajoz,
    escucharás un mensaje que dará sentido a todo lo que has vivido y te
    dará las claves para entender todo lo que te queda por vivir…
    Yo, por si acaso, no pienso hacerlo. Me basta
    con teñirme el pelo de cuando en cuando. Pero esto, amigos, ya es otra
    historia…


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    Mick
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    Re: Leyendas de badajoz

    Mensaje por Mick el Mar Jun 01, 2010 9:56 pm

    El articulo no es mio, lo he encontrado por Internet
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    Lila
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    Re: Leyendas de badajoz

    Mensaje por Lila el Miér Jun 02, 2010 5:50 pm

    Interesante... pero no había oído nunca esas leyendas de Badajoz... en realidad, nunca había oído leyendas de la ciudad
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    Re: Leyendas de badajoz

    Mensaje por Mick el Mar Jun 08, 2010 9:02 pm

    la verdad que yo tampoco

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    Re: Leyendas de badajoz

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